Fluir. Esta es una palabra que me daba bastante miedo, o más bien me desconcertaba; equivalente a dejarse llevar. Por mucho tiempo no he sido capaz de hacerlo o no sabía bien cómo. Solía creer que, si tenía todo controlado, no ocurriría nada malo; que, si hacía las cosas a mi manera, cómo yo creía que debían ser hechas, todo iba a salir cómo esperaba que salieran. Cada mala decisión tenía que ir acompañada de algún tipo de explicación, así como cada mala cosa que ocurría en mi vida. Argumentos y más argumentos.
Sin embargo, todo eso ya no tiene sentido. No hay nada que controlar. Hay cosas que no podemos cambiar, hay cosas que simplemente suceden porque la vida es cómo es. La vida es una recopilación de buenos y malos momentos, no podemos tratar de evitar ciertas cosas, así como no podemos cambiar otras que ya han ocurrido.
Mi padre solía decir: »hay que fluir» y un buen amigo acostumbraba a decir también: »todos improvisamos, nadie sabe realmente lo que está haciendo con su vida». Hay veces en las que no sabemos qué estamos haciendo y el por qué hacemos lo que hacemos, simplemente vivimos y en lo que vivimos esperamos tomar acertadas decisiones, decisiones que al menos nos hagan felices. No tienen que complacer a nadie más, sólo a nosotros mismos. Hacer lo que nos gusta, hacer lo que nos haga sentir bien, hacer lo que nos nazca del corazón.
Ahora estoy aprendiendo a dejarme llevar, estoy aprendiendo a fluir, a dejar que la vida ponga cada cosa en su lugar. Aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Ocuparme de las cosas que sí he de ocuparme, pero esta vez sin presiones, sin argumentos, sin los »tengo» o los »debo»; simplemente disfrutando del camino.
Ya no me valen las certezas de los demás, ni siquiera las mías propias. Cuando conectas con lo más profundo de ti, en ese momento los argumentos ya no tienen mayor importancia. Solo importa lo que sentimos, lo que queremos, lo que deseamos con todas las ganas. En ese momento, solo importa lo que hay en el corazón. Los razonamientos ya no pesan tanto.
Cada día la vida empieza de nuevo. Cada día empezamos otra vez a vivir como si fuera la primera vez. Cada día volvemos a fluir. Y la vida nos seguirá sorprendiendo. Esa llamada de esa persona especial que tanto esperamos, ese mensaje que nos cambie la vida, esa sonrisa de un desconocido que nos alegre el día, esa nueva canción que no queremos dejar de escuchar una y otra vez. La vida sorprende, no siempre para bien, pero si seguimos dejándonos llevar, si seguimos improvisando, si cedemos a nuestra falsa ilusión de control, poco a poco todo se va acomodando y los buenos momentos pesarán más que los malos.
Sigamos improvisando, sin pisar a nadie más, sin meternos en la vida de los demás. Ocupándonos de nuestros propios asuntos, de lo que nos concierne y dando la libertad al otro para vivir su vida como quiera, respetando sus decisiones y convicciones, sin necesidad de hacerlas nuestras.
Con todo mi cariño,
Nayra